martes, 6 de marzo de 2007

VIOLENCIA JUVENIL - MC DETECTIVES - 902363475 -

-La violencia juvenil en España se disparaLa propagación de comportamientos violentos entre los más jóvenes enciende las alarmas de una sociedad demasiado permisiva Si revisamos las noticias de los últimos meses, referidas a la violencia juvenil en España, podemos encontrarnos con titulares como éstos: "

La policía se enfrenta a un nuevo fenómeno de violencia urbana protagonizada por jóvenes", "unos pandilleros matan a un menor a la salida del instituto", "la cifra de toxicómanos menores de 15 años se duplica en 12 meses", "un 12,4 por ciento de los alumnos dice que es agredido por otros", "los menores que violaron y quemaron viva a Sandra Palo acumulaban más de 700 denuncias" o "5.000 personas protestan por la agresión a los profesores".

Estos titulares hablan por sí solos y son tan sólo una pequeña muestra de un fenómeno que va en aumento. La propagación de comportamientos violentos entre los más jóvenes está encendiendo las alarmas en España, según se desprende de algunos estudios que así lo ponen de manifiesto. La sociedad en su conjunto debe reflexionar sobre el modelo de educación que está transmitiendo a sus jóvenes.

El reciente asesinato de un menor a las puertas de un instituto en Barcelona, llevado a cabo supuestamente por un grupo de jóvenes del que la mayoría también eran menores de edad, ha provocado una gran alarma social en la capital catalana. Ante hechos como éste, los ciudadanos reclaman más medidas de seguridad, y la opinión pública se pregunta qué está ocurriendo con los más jóvenes.

En ocasiones, se cae en la tentación de relacionar este tipo de violencia con la inmigración, más en concreto con los llamados "niños de la calle", como si el problema no fuese con nosotros. Sin obviar los conflictos que a veces crean los menores inmigrantes, este erróneo planteamiento ha sido tratado en un artículo publicado en E-Cristians el pasado 6 de noviembre ( ver aquí ). Sin embargo, la sensación de inseguridad ciudadana que provoca la violencia juvenil no es sólo un fenómeno "importado", sino que se genera también "en casa".

Un estudio realizado por el Instituto de Estudios de Seguridad y Policía, dependiente del Sindicato Unificado de Policía ( clic aquí ), advierte que, desde el año 1992 hasta el 2002, la cifra de delitos violentos cometidos por menores en España prácticamente se ha duplicado. El informe pone de manifiesto que, durante 2002, los diferentes cuerpos policiales han detenido en España a un total de 28.025 jóvenes menores de 18 años como presuntos autores de infracciones penales.

Estamos hablando de un 11 por ciento del total de detenciones practicadas en ese año. Si a esta cifra añadimos el total de delitos violentos menores o que no son detectados, cometidos por jóvenes, hay razones más que suficientes para preocuparse. La criminalidad juvenil ha crecido en términos absolutos en un 1,9 por ciento con respecto al año anterior, según confirma el estudio mencionado.

Los delitos de lesiones aumentan en un 9,1 por ciento y los homicidios, en un 11,3. En su conjunto, los actos violentos han aumentado en un 6,4 por ciento en relación a 2001, datos que engloban las infracciones acompañadas del uso de violencia física o psíquica, tales como los robos con intimidación, los tirones, los homicidios y lesiones y los delitos contra la libertad sexual. El estudio nos muestra un perfil del joven delincuente que se identifica con varones (90,6 por ciento) y españoles (79 por ciento) entre quienes sólo un 6,5 por ciento se declara consumidor de sustancias estupefacientes prohibidas.

Un 30 por ciento cuenta con antecedentes y un 35,4 por ciento es analfabeto o sólo sabe leer y escribir. El 64 por ciento vive en el domicilio familiar. Dentro del mismo informe, pero en referencia a Cataluña, según la policía autonómica o Mossos d´Esquadra, se constata que el número de menores detenidos en el año 2002 ha aumentado un 25 por ciento.

El informe de los Mossos detalla que el perfil del joven delincuente es el de un hombre de nacionalidad española que mayoritariamente vive en el domicilio paterno. En opinión de los responsables del estudio, "se considera que la actividad de los delincuentes juveniles es, en la mayoría de las ocasiones, el resultado y la respuesta del joven a un voluminoso déficit personal y biográfico en aspectos básicos de tipo familiar, de personalidad, de inserción y éxito escolar y laboral, de uso y disfrute del ocio, de relaciones interpersonales, de percepción y valoración del medio social y económico y de las oportunidades que de ellos se puede esperar". Centros educativos, centros con violencia

Una reciente encuesta publicada en el diario ABC, realizada por el sindicato de enseñanza ANPE entre 10.000 profesores, señala que el 85 por ciento de estos profesores considera que actualmente existen actos de violencia graves en los centros escolares. La presencia de grupos conflictivos generadores de violencia y agresiones no se detecta sólo en las calles, sino que es evidente también en las escuelas e institutos.

Hasta un 12,4 por ciento de los alumnos reconoce que es agredido por otros, según otro análisis realizado por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo en una docena de comunidades autónomas. La mitad de los chicos asegura que es objeto de insultos o críticas, un 32,6 por ciento dice haber sido víctima de robos, un 22,6 por ciento se siente ignorado o rechazado por el resto y un 14,3 por ciento es amenazado.

Eso, sin contar con que buena parte del alumnado sufre en silencio las agresiones. Otro dato significativo de este último estudio es que, mientras un 80 por ciento de padres considera que ayudan plenamente a sus hijos en los estudios, sólo el 45 por ciento de los chavales se siente ayudado por sus padres en los deberes escolares. Los educadores conocen perfectamente los problemas que suelen ocasionar las crisis de los adolescentes, entre las que se cuenta la pertenencia a grupos o bandas con un estilo de vida con el que se identifican como oposición al mundo del adulto.

Estos actos de rebelión contra el orden establecido no pasan de ser eso, actos de rebeldía que se calman o se canalizan de forma creativa cuando el adolescente madura. Sin embargo, un fenómeno tan natural como éste está alcanzando actualmente cotas de violencia muy superiores a lo que podríamos considerar un comportamiento normal en la adolescencia. No deja tampoco de ser significativo que, según datos conocidos a mediados de este mes, España esté batiendo récords de absentismo escolar mientras aumenta el número de horas que muchos menores dedican a ver televisión de madrugada.

Además de la pertenencia a un grupo con determinados códigos de comportamiento, en ocasiones claramente antisocial, el absentismo escolar está también relacionado con otro de los fenómenos que más preocupa a la sociedad en lo que se refiere a los adolescentes: el aumento del consumo de drogas. Adolescentes toxicómanos, en aumento.

El último perfil del toxicómano elaborado por la Unión de Asociaciones y Entidades de Atención al Drogodependiente (UNAD) nos muestra a un varón multiconsumidor, de 35 años, en paro y que no ha pasado el nivel primario, la antigua Educación General Básica (EGB) o la actual Educación Primaria. Sobre el conjunto de la población consumidora de drogas, los adolescentes todavía son un porcentaje ínfimo, pero lo más preocupante es el notable incremento de toxicómanos menores de 15 años: el doble que el año pasado, según la información publicada por el diario EL MUNDO el pasado 30 de septiembre.

El estudio de UNAD, que reúne a 301 organizaciones de apoyo a drogodependientes, está basado en 10.000 entrevistas a hombres y mujeres en tratamiento durante el 2002 en distintos centros de la geografía española. El resultado, en lo que concierne a los adolescentes, es que un 1,41 por ciento de toxicómanos, el doble que en 2001, tiene menos de 15 años.

Chicos de 12, 13 y 14 años son tratados por su adicción a las drogas. Son jóvenes que están condenados a vivir en un mundo de marginación, sin demasiadas posibilidades de realizarse profesionalmente, ya que el estudio demuestra también que el consumo de drogas y la exclusión caminan de la mano. Una tercera parte de los drogodependientes no ha superado los estudios primarios, y la mitad de los consumidores atendidos está en el paro.

El presidente de UNAD, Luciano Poyato, refiriéndose al aumento de jóvenes drogodependientes, confirma que "el aumento de menores de 15 años con problemas empuja a adecuar los recursos existentes a la gente joven. No es lo mismo atender a un hombre de 43 años que a un chaval de 14. El estudio nos lleva a esta pregunta: ¿Se están haciendo bien las políticas de prevención? El consumo de drogas no baja, pero la edad sí.

Quizás algo está fallando". La permisividad no ayuda Tal como indica Poyato, algo o mucho está fallando en la educación de los adolescentes. La sobreprotección y permisividad de que gozan actualmente, ya desde su más tierna infancia, no parece ser el camino más adecuado para formar jóvenes creativos, solidarios y responsables de cara a un futuro en el mundo de los adultos.

Y cuando hablamos de limitar la permisividad, no nos estamos refiriendo a coartar la libertad o a reprimir, sino a educar en valores, o sea, a enseñar al niño que puede hacer determinadas cosas por sí mismo, evitando el exceso de protección innecesaria que sólo le creará dependencias en el futuro próximo. Se trata de enseñar al adolescente, con amor pero también con decisión, a ser responsable de sus actos, a comprometerse, a ser generoso y honesto, a mantener una cierta disciplina que no tiene por qué estar reñida con el entretenimiento.

También hay que ayudarle a esforzarse para conseguir lo que desea, respetando a los demás, e indicarle que ese esfuerzo conlleva un sacrificio, pero también una gran recompensa. No es tarea fácil, pero la vida tampoco lo es en la mayoría de ocasiones. Las rupturas familiares, juegan un papel fundamental en la permisividad de que goza un gran número de jóvenes. En demasiadas ocasiones, la falta de un referente en la familia suele cubrirse con un exceso de proteccionismo o aquiescencia que en nada ayuda a la futura formación del joven.

A este hecho hay que añadir que, hoy en día, nuestros hijos disponen de todo tipo de tecnología punta a su alcance. Una tecnología que, en demasiados casos, sustituye la función lúdica y educadora de los padres. Y, además, se pretende también que el centro escolar ejerza las funciones que la familia no desarrolla con normalidad, bien sea por una supuesta falta de tiempo motivada por obligaciones profesionales o bien por simple comodidad.

Con todos estos ingredientes, nos encontramos con adolescentes consentidos, sin capacidad para soportar la mínima frustración, y que están educados en una cultura de la transgresión, de la competitividad, del consumo desmedido y de la búsqueda de placer inmediato. Es una cultura que también promociona la televisión y otros medios de comunicación.

Un "PACTO" para tener en cuenta Ante un problema tan complejo, como es el de mejorar el sistema de educación y formación de los adolescentes, es imprescindible la participación de todo el conjunto de la sociedad, con iniciativas que ofrezcan alternativas al modelo educacional actual, que se está mostrando a todas luces ineficaz. Es el caso del documento presentado por el Pacto por la Vida y la Dignidad que, con una declaración de 26 puntos, sugiere en su apartado relativo a la educación de los niños, adolescentes y jóvenes las siguientes propuestas:

Los valores humanos deben inspirar e impulsar la enseñanza en todos los centros educativos. Esta enseñanza debe buscar, por encima de todo, que los alumnos sean personas proyectadas hacia el bien individual y colectivo. Cada familia tiene que poder escoger libremente la escuela más afín con su proyecto educativo. El pluralismo escolar se tiene que proteger y potenciar porque es expresión y garantía de la libertad. Pedimos que la formación moral y cívica sea un objetivo prioritario en los niveles educativos de Cataluña y evaluable a todos los efectos.

Formar integralmente a los alumnos, buscando un verdadero crecimiento, es la mejor manera de combatir el problema del SIDA y de los embarazos precoces. Pedimos la elaboración de un verdadero y serio proyecto de educación afectivo-sexual elaborado con la participación de padres y profesores. Asimismo, pedimos que se potencien otras propuestas de educación afectivo-sexual que puedan surgir de la iniciativa ciudadana y que tengan demanda en la realidad educativa catalana.

Solicitamos que ello vaya acompañado de recursos económicos que las haga viables. Exigimos la implantación de una legislación más restrictiva y una vigilancia efectiva del ocio nocturno relacionado con discotecas, bares musicales y after-hours que controle el límite de edad para acceder a estos establecimientos, así como los horarios y la distribución de sustancias adictivas en estos locales. Es necesario fomentar las prácticas de ocio saludables y creativa Autor: Víctor Ruiz.

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